
La cultura resiste: series argentinas brillan en streaming pese al recorte del gobierno
LFM
En un contexto donde la motosierra recortó hasta el hueso el presupuesto cultural, el audiovisual argentino dio una lección silenciosa pero contundente: cuando hay formación, talento y trabajo colectivo, las historias viajan solas.
El cierre del INCAA y la suspensión del fomento audiovisual no impidieron que 2025 se convirtiera en un año bisagra para las series argentinas, que escalaron al top de las plataformas más importantes del mundo.
El Eternauta: del cómic a fenómeno global
La serie basada en la histórica historieta de Héctor Germán Oesterheld fue la más vista en Netflix en gran parte de Latinoamérica, Europa y Asia.
Con Ricardo Darín como protagonista, la producción movilizó a más de 2.900 trabajadores durante 148 días de rodaje. Fue doblada a 12 idiomas y subtitulada en más de 30.
“Los argentinos son extremadamente talentosos. Cuando tienen recursos, ese talento florece”, dijo Francisco Ramos, VP de contenido de Netflix Latinoamérica.
División Palermo 2: humor ácido, crítica y diversidad real
La segunda temporada de la comedia de Santiago Korovsky volvió a posicionarse en el top 10 de Netflix Argentina, consolidando una fórmula de sátira política, personajes inclusivos y una mirada aguda sobre las instituciones.
Creada por equipos formados en escuelas públicas como la ENERC, la serie logró hacer humor con la diversidad sin caer en la burla. Fue ovacionada por crítica y público.
Viudas Negras: feminismo y humor negro en Flow y HBO Max
Malena Pichot y Pilar Gamboa sorprendieron con esta historia sobre dos mujeres que roban a hombres drogándolos. Irreverente, inteligente y con guión filoso, fue la más vista en Flow y lideró rankings en HBO Max.
En redes, Pichot celebró: “Esta serie no existiría sin el trabajo colectivo y la formación pública que nos dio herramientas para contar historias propias”.
Motosierra vs. industria audiovisual: En abril de 2024, el presidente Javier Milei dispuso el cierre operativo del INCAA bajo el argumento de que financiaba “películas que no mira nadie”.
Pero las plataformas, las audiencias globales y la crítica especializada dicen otra cosa.
Producciones como La historia oficial, El secreto de sus ojos o Argentina, 1985 fueron posibles gracias al apoyo estatal. También series como El Marginal, Mentira la verdad o Germán, últimas viñetas. Y gran parte del personal técnico actual proviene de universidades públicas como la UBA, ENERC, el CIEVYC o el Conservatorio de Música.
Mientras desde el Gobierno se ataca a la cultura, la ficción nacional está más viva y exportable que nunca. Le habla al mundo con historias locales, mirada crítica y una identidad que no se negocia.
Las series argentinas no sólo entretienen: resisten, denuncian, hacen reír y emocionan.
Aunque intenten cortarle las alas, la ficción nacional sigue viajando.Y lo hace con una bandera que no necesita presupuestos para flamear: la del talento argentino.





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