
A 80 años del voto femenino: la conquista que transformó la política
LFMEl Senado de la Nación aprobó el proyecto sobre derechos políticos de las mujeres. Fue el primer paso legislativo decisivo de un proceso que culminaría más de un año después, el 9 de septiembre de 1947, con la sanción de la Ley 13.010.
La norma estableció que las mujeres argentinas tendrían los mismos derechos políticos que los varones y podrían votar y ser elegidas para cargos públicos. Recién en las elecciones nacionales de 1951 millones de mujeres pudieron ejercer ese derecho por primera vez.
La fecha suele quedar asociada a Eva Perón y a su decisiva intervención política para impulsar la ley durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. Pero la historia había comenzado mucho antes.
Alicia Moreau, Julieta Lanteri, Elvira Rawson y muchas otras mujeres habían construido durante décadas organizaciones y campañas para reclamar derechos civiles y políticos en una democracia que hasta entonces las mantenía fuera del padrón electoral. La sanción de 1947 terminó reconociendo una demanda que ya atravesaba buena parte de la primera mitad del siglo XX.
A partir de entonces, el voto dejó de ser solamente un punto de llegada.
También se convirtió en el comienzo de otra disputa: la posibilidad de que las mujeres no fueran únicamente electoras, sino candidatas, legisladoras, dirigentes y protagonistas de las decisiones políticas.
Cuando las mujeres dejaron de ser espectadoras
La Ley Sáenz Peña de 1912 había establecido el voto secreto y obligatorio, pero aquella pretendida universalidad seguía excluyendo a las mujeres. Algunas provincias incluso habían avanzado antes que la Nación. San Juan y Santa Fe reconocieron derechos políticos femeninos en sus jurisdicciones con anterioridad a la sanción nacional.
Con la llegada del peronismo, aquella demanda histórica encontró además una estructura política propia.
En 1949 se conformó el Partido Peronista Femenino, que permitió organizar territorialmente la participación de miles de mujeres y abrió espacios de formación, militancia y representación que hasta entonces prácticamente no existían dentro de los partidos tradicionales.
La elección de 1951 terminó de modificar la escena. Más de 3,8 millones de mujeres participaron por primera vez de una elección nacional y, además, ingresó al Congreso una generación inédita de legisladoras.
Misiones también recorrió su propio camino.
La participación femenina fue creciendo en legislaturas, municipios, partidos políticos y organismos del Estado. Sin embargo, hay un dato que todavía resulta contundente: Misiones nunca tuvo una gobernadora.
El lugar más alto alcanzado por una mujer dentro del Poder Ejecutivo provincial fue la Vicegobernación. Mercedes Margarita Oviedo ocupó ese cargo entre 1999 y 2001 y Sandra Giménez entre 2007 y 2011.
La presencia de mujeres en cargos legislativos, ministerios, intendencias y concejos deliberantes fue aumentando con el paso de las décadas. Pero participar no siempre significa decidir. Y esa diferencia sigue siendo central.
Ochenta años después de aquella media sanción del Senado, la pregunta ya no puede limitarse a cuántas mujeres participan de la política. Hay que preguntarse también dónde participan. Cuántas encabezan listas. Cuántas conducen partidos. Cuántas llegan a gobernar. Cuántas intervienen realmente en la definición de candidaturas, alianzas, presupuestos y decisiones estratégicas.
La Argentina ya tuvo una presidenta electa y reelecta, mujeres al frente de ministerios, gobernaciones, intendencias y distintas instituciones del Estado. Sin embargo, los lugares donde se concentra el mayor poder político continúan mostrando una presencia femenina mucho menor.
La efeméride sirve para mirar hacia atrás y dimensionar la enorme transformación que significó aquella conquista. Pero también obliga a mirar hacia adelante. Las mujeres ya demostraron que pueden ser electoras, militantes, legisladoras, intendentas, ministras, vicegobernadoras y presidentas.
El desafío, ochenta años después, sigue siendo que el acceso al poder deje de depender del género. Porque aquellas mujeres que reclamaron el derecho a votar no estaban pidiendo solamente una boleta.
Estaban reclamando el derecho a decidir.






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