
La caja detrás de la Estudiantina
LFM
POSADAS. Detrás de los trajes, las coreografías, los instrumentos pintados del mismo color y las estructuras que cada primavera llegan a la costanera hay meses de trabajo y también una caja que puede mover millones de pesos.
Lo ocurrido con la EPET 34 de Itaembé Guazú, donde una denuncia por la presunta utilización de $5.769.757 de los fondos destinados a la Estudiantina, derivó en la detención del tesorero de una comisión de padres, permite mirar una parte de la organización que pocas veces se ve: cómo se consigue y administra el dinero necesario para que una banda o un cuerpo llegue a la calle.
El mecanismo se repite, con variantes, en los distintos colegios. Son las familias, y no los estudiantes, las que generalmente quedan al frente de la administración. Las comisiones suelen conformarse alrededor de los padres de quienes ocupan las direcciones de banda de música y cuerpo de baile, junto con otros adultos que en algunos casos representan al colegio o son profesores asesores, que acompañan la organización.
Los estudiantes participan representando al colegio, que acompaña institucionalmente y puede intervenir sobre aspectos generales de la propuesta, pero la recaudación, las contrataciones y buena parte de las decisiones económicas quedan en manos de las propias familias y asesores que puede determinar o no cada institución.
Leé también: Estudiantina: las próximas noches serán jueves y viernes⁠
Rifas, pizzas, empanadas y distintas ventas permiten formar un fondo común con el que se pagan materiales, pinturas, estructuras, elementos escenográficos y diferentes necesidades que surgen durante los ensayos. Cada estudiante suele asumir también una parte de esos compromisos de recaudación.
A la vez, existen gastos individuales. El traje, se maneja mediante un fondo separado: cada familia aporta el dinero correspondiente, la comisión reúne los pagos y se los entrega a la modista, completando generalmente el saldo al momento de retirar las prendas. Lo mismo ocurre para los tocados , espaldares o zapatos, son recaudaciones diferentes.
Con los instrumentos puede ocurrir algo similar. Algunos son adquiridos por cada participante y otros gastos relacionados con la banda se cubren colectivamente. Cuando las recaudaciones funcionan bien, incluso parte de lo reunido puede utilizarse para aliviar determinados gastos de los propios estudiantes.
De decenas a cientos de participantes
La dimensión de cada delegación explica también el volumen de dinero que puede llegar a administrarse. Es por eso que cada colegio compite por rubros diferentes, según la cantidad de participantes, por el premio A, B o C , siempre hablando de rubro.
Multiplicados por meses de ventas, aportes familiares y pagos de vestuario, esos números convierten rápidamente la administración en una responsabilidad considerable.
Leé también: Estudiantina: cuando el ingenio también sale a la calle⁠
Una administración basada en la confianza
En ese esquema, una o dos personas pueden quedar encargadas de registrar entradas, realizar pagos y rendir cuentas ante el resto de las familias.
Por eso, administrar esos fondos exige orden: diferenciar el dinero destinado a trajes del fondo común, conservar comprobantes, registrar movimientos y evitar que se mezclen recaudaciones destinadas a distintos objetivos.
El sistema funciona, en buena medida, sobre la confianza entre las familias.
En el caso de la EPET 34, ahora será la Justicia la que deberá determinar qué ocurrió con los fondos denunciados y las responsabilidades correspondientes.
Mientras tanto, el episodio deja al descubierto algo que normalmente queda detrás de las luces: cada presentación que llega a la costanera también es el resultado de meses de organización económica de cientos de familias.



Vivir juntos no es lo mismo que casarse: qué pasa con la casa, los bienes y la herencia










Vivir juntos no es lo mismo que casarse: qué pasa con la casa, los bienes y la herencia






