La jubilación ya no garantiza autonomía: el costo invisible de envejecer

Casi la mitad de los hogares con personas mayores no logra cubrir sus gastos y más de un tercio debió postergar atención médica o medicamentos por razones económicas. Un informe de la UCA expone una realidad que suele permanecer puertas adentro: muchas familias deben completar los ingresos y cuidados que la jubilación y las obras sociales ya no alcanzan a garantizar.
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Vejez
“Vivir y envejecer en contextos de desigualdad”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA),

Envejecer en Argentina cuesta cada vez más y, para una parte creciente de la población, cobrar una jubilación ya no significa poder mantenerse de manera autónoma. Detrás de los ingresos previsionales insuficientes, las coberturas médicas limitadas y el aumento de los medicamentos existe otra realidad menos visible: hijos y familiares que aportan dinero, tiempo y cuidados para sostener la vida cotidiana de los adultos mayores.

El informe “Vivir y envejecer en contextos de desigualdad”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), muestra que durante 2024-2025 el 46% de los hogares con personas mayores declaró que sus ingresos no alcanzaban para cubrir los gastos. Es el porcentaje más elevado de toda la serie iniciada en 2017 y representa un aumento de cinco puntos frente al bienio anterior.

La situación se profundiza entre quienes viven solos: el 52,6% integra hogares con ingresos insuficientes. Sin otra persona con quien repartir alimentos, servicios, medicamentos o mantenimiento de la vivienda, la autonomía económica se vuelve todavía más difícil.

Cuando la familia completa lo que falta

La encuesta no calcula cuánto dinero aportan los hijos ni cuántas horas destinan las familias al acompañamiento y los cuidados. Sin embargo, sus resultados permiten observar el problema que aparece detrás de las estadísticas: cuando la jubilación no alcanza, el gasto no desaparece, sino que se traslada.

Alguien paga la diferencia de un medicamento, acompaña a una consulta, consigue un turno, cubre un estudio, compra alimentos o ayuda a abonar la luz. Por eso, la insuficiencia previsional no afecta únicamente a quien cobra la jubilación: también reorganiza la economía y la vida cotidiana de todo su entorno familiar.

El deterioro ya alcanza necesidades elementales. El 18,4% de los hogares con personas mayores atravesó inseguridad alimentaria y el 21,3% dejó de pagar algún servicio público por motivos económicos. En los sectores socioeconómicos más bajos, esas cifras ascienden al 39,1% y al 39,4%, respectivamente.

Familias que acom,pañan
Familias que acompañan: reorganiza la economía y la vida cotidiana de todo su entorno familiar

Tener obra social tampoco resuelve el problema

La salud concentra una de las señales más preocupantes. El 35,2% de los hogares con personas mayores debió postergar o resignar consultas médicas o medicamentos por razones económicas, casi diez puntos más que durante 2022-2023.

El informe analiza especialmente al PAMI, pero describe un sistema sanitario fragmentado que también incluye hospitales públicos, obras sociales y prepagas. En Misiones, el interrogante alcanza además al IPS y a otras coberturas cuyos afiliados deben afrontar coseguros, diferencias, estudios o medicamentos que no siempre son cubiertos completamente.

El dato revela que estar afiliado no necesariamente significa tener acceso efectivo. Una obra social puede figurar en el recibo, pero si el afiliado no consigue turno, debe pagar diferencias o no puede comprar lo indicado, la cobertura termina siendo insuficiente.

Una vejez atravesada por la incertidumbre

La falta de recursos también impacta sobre la salud emocional. El malestar psicológico entre las personas mayores pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025. Entre los sectores de menor nivel socioeconómico alcanza al 51,8%. A esto se suma que el 26,8% manifiesta dificultades para proyectar su futuro y el 16% se siente solo. En el caso de quienes viven sin compañía, el sentimiento de soledad asciende al 22,6%.

El informe confirma que no existe una única manera de envejecer. Hay personas mayores con ingresos, redes familiares y cobertura suficiente, pero también muchas otras cuya supervivencia depende de la asistencia permanente de sus hijos o del sistema público.

La discusión, entonces, excede el monto de la jubilación. También comprende la cobertura real de las obras sociales, el precio de los medicamentos, el acceso a profesionales, las políticas de cuidados y el esfuerzo económico que absorben las familias. Porque cuando una persona mayor no puede sostenerse sola, la vejez deja de ser un asunto individual y se convierte en una responsabilidad familiar silenciosa.

Fuente: Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores de la UCA

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