

El cierre de la planta de Electrolux en Rosario volvió a poner en discusión el futuro de la fabricación de electrodomésticos en la Argentina. La compañía anunció que abastecerá el mercado mediante su red internacional de producción y mantendrá la comercialización de sus marcas. La decisión afecta al empleo industrial y modifica la forma de operar, aunque los productos seguirán llegando a los comercios.
Para el consumidor, la pregunta es qué cambiará al momento de comprar una heladera o un lavarropas. Una mayor oferta puede ampliar las opciones y presionar sobre los precios. Sin embargo, el beneficio debe comprobarse en el valor final, la calidad, la financiación y la respuesta que recibe el comprador cuando necesita una reparación.
Los casos empresariales tienen diferencias. Whirlpool cerró su fábrica de lavarropas de Pilar en noviembre de 2025 y conservó sus operaciones comerciales y de servicios. Mabe, en cambio, trasladó la producción de lavarropas y secarropas de Río Segundo a Luque y mantuvo actividad industrial en la Argentina. Presentar las tres decisiones como un abandono idéntico de la producción local confunde procesos distintos.
El escenario competitivo cambió. En mayo de 2024, el Gobierno anunció la reducción del arancel de importación de heladeras y lavarropas del 35% al 20%, con el objetivo de aumentar la competencia y favorecer menores precios. Son quince puntos porcentuales menos de arancel; eso no implica una rebaja automática equivalente en las góndolas. La discusión sobre la industria necesita incorporar a las familias que compran esos bienes. Reemplazar un electrodoméstico puede comprometer varios meses de presupuesto. La protección de una actividad debe evaluarse también por sus resultados para ese hogar: qué producto obtiene, cuánto paga y qué alternativas tiene.
A las empresas les corresponde revisar productividad, tecnología, escala y organización para competir. Al Estado, ofrecer condiciones que permitan producir, con infraestructura, reglas previsibles y una evaluación de las cargas que afectan los costos. La competitividad involucra decisiones empresariales y condiciones económicas que ninguna fábrica puede modificar por sí sola.
El cierre de plantas tiene consecuencias sobre trabajadores y proveedores. Atenderlas requiere políticas de reconversión y oportunidades laborales. Reconocer ese impacto también permite exigir que los beneficios prometidos por la apertura lleguen efectivamente al comprador.
Importar más, por sí solo, no demuestra que exista una competencia mejor. Para evaluarla hace falta comparar productos equivalentes, precios finales y cantidad de oferentes. También observar si las marcas mantienen repuestos y una red de atención accesible, especialmente fuera de los grandes centros urbanos.
La transformación del sector merece medirse con esas dos preguntas: qué posibilidades quedan para producir y trabajar en el país, y qué mejora concreta recibe el consumidor. El cambio de modelo tendrá un resultado favorable para las familias cuando puedan elegir mejor y comprar a precios más accesibles.
Fuentes: El anuncio del cierre de Electrolux en Rosario — Infobae⁠ y reducción de aranceles para heladeras y lavarropas — Ministerio de Economía⁠.



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