
Los colores de la primavera: Misiones florece
LFM
Hay lugares donde la primavera se anuncia en el calendario. En Misiones, en cambio, se descubre mirando alrededor. Está en los lapachos que comienzan a teñir de rosa las calles, en las orquídeas que abrazan los árboles, en los jardines que recuperan sus flores y en esa interminable variedad de verdes que parece multiplicarse con la llegada de los primeros días cálidos.
El inevitablemente contraste con la tierra colorada
El característico tono rojizo del suelo misionero, asociado a su riqueza en óxidos de hierro, forma parte de una identidad paisajística difícil de confundir. Sobre ese rojo intenso crece una vegetación exuberante que en primavera recupera todavía más fuerza. La naturaleza arma entonces su propia paleta: el rojo de los caminos, el verde de la selva, el rosa y el amarillo de los lapachos, las flores que aparecen casi inesperadamente y, en Iguazú, el blanco de la espuma de las Cataratas y los arcoíris que atraviesan el agua.
La primavera misionera también se reconoce por sus perfumes. Por los azahares en los patios, por las flores después de la lluvia, y por ese aroma particular de la tierra húmeda cuando vuelve el calor. Las plazas cambian, los jardines se encienden y hasta los caminos cotidianos parecen diferentes.
Quizás por eso esta estación sea también una invitación a mirar con un poco más de calma aquello que, por tenerlo tan cerca, muchas veces dejamos de observar. Vivimos rodeados de una belleza que no necesita demasiados artificios. Está en un árbol florecido en medio de la ciudad, en una orquídea aferrada a un tronco, en un camino de tierra después de la lluvia cuando el sol vuelve a salir y sigue lloviendo con sol o en la inmensidad de la selva.

Una estación para volver a empezar
La naturaleza tiene esa manera sencilla de recordarnos que todo puede renovarse. Después de los meses más fríos, vuelve el color, aparecen nuevos brotes y el paisaje recupera su intensidad. Y tal vez nosotros también podamos apropiarnos un poco de ese movimiento.
La primavera puede ser tiempo de imaginar, de planear, de recuperar proyectos y de animarnos a comenzar otros. Una estación que invita a salir, a encontrarnos y, sobre todo, a contemplar con tranquilidad la belleza que nos rodea.
La primavera no solamente llega: se perfuma, se llena de colores y estalla sobre la tierra colorada. Y mientras la naturaleza vuelve a florecer, quizás también nos recuerde que siempre existe la posibilidad de volver a comenzar.



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